Introducción de Tomás Domingo Moratalla
El pasado viernes, 25 de septiembre, la Metalibrería acogió una nueva presentación de Creencia y realidad. Desde un diálogo con Ortega y sus intérpretes, obra con la que Javier San Martín, profesor emérito de la UNED y fellow de la Fundación Sicómoro, culmina casi veinte años de investigación sobre los conceptos de doxa, creencia y realidad en la obra de Ortega y sus comentaristas.
La introducción estuvo a cargo del Prof. Tomás Domingo Moratalla, Catedrático de Filosofía en la UNED, y se centró en la particularidad de que el libro se articule a partir del diálogo entre su autor, un filósofo español, y otros pensadores españoles, algo menos común de lo que podría parecer, pues en el ámbito de la discusión sobre filosofía nacional escasea la confrontación directa con las ideas y, en su lugar, se tiende a omitir las aportaciones ajenas. Por suerte, la obra del Dr. San Martín está dirigida ante todo a establecer lazos entre perspectivas distantes, cuando no enfrentadas. Debe ser, pues, trabajada y leída por partes, casi rumiada, como diría Friedrich Nietzsche, habida cuenta de la multiplicidad de asuntos y materias que aborda, algunas de las cuales son todavía poco conocidas por el público. Pero, si uno se aplica a ella con el esmero que merece, subrayó el Prof. Domingo Moratalla, uno tendrá sobrados motivos para pensar que estamos ante el fruto maduro de una segunda fase de la Escuela de Madrid. El esfuerzo vale la pena.
Intervención del Prof. Javier San Martín
El autor de la obra, el Prof. San Martín, siempre ha estado interesado en el concepto de generación, y así lo demostró aludiendo a la conferencia de José Gaos, de 1935, en la que se cruzaron tres generaciones distintas de una misma corriente intelectual. Sea lo que fuere, lo que sin duda es seguro, prosiguió, es que ha sido en los últimos años cuando se ha comenzado a hablar a fondo de la Escuela de Madrid, así como a organizar congresos dedicados a su investigación, por lo que todos estos empeños engastan inequívocamente en un proyecto generacional, abierto a la prosecución del legado orteguiano.
Respecto a la concepción técnica de Creencia y realidad. Desde un diálogo con Ortega y sus intérpretes, el Prof. San Martín indicó que comenzó en 2008, como respuesta a la confusión de base sobre la creencia histórica y la creencia no histórica, es decir, la creencia básica, de la que Ortega se encargó en el Sistema de psicología, redactado entre 1915 y 1916. El problema fundamental que buscaba resolver fue cómo las ideas germinales no desarrolladas se transmiten a través de las generaciones y comentaristas, que, por lo común, persiguen las huellas del esquema formal inveterado que elaboró Julián Marías y que se terminó instaurando. El método de San Martín: abordar poco a poco los problemas que le iban saliendo al paso. Siempre, eso sí, teniendo presente el comentario que realizó Eugen Fink de los aforismos de Heráclito, en los que, por medio de un análisis heurístico, acudiendo a la Ilíada, demuestra el filósofo alemán que el concepto de doxa en Platón no es equivalente a opinión, sino a percepción. También atendiendo a que ya hubo quien lo intentó, aunque fuera ignorado por la posteridad. Se trata, por ejemplo, del médico y filósofo Pedro Laín Entralgo, quien, en el curso de verano que dio en Santander, truncado por el estallido de la Guerra Civil, se dedicó a la cuestión de las creencias desde las bases establecidas por William James. Apenas nadie lo recuerda.
El libro también supuso una suerte de divertimento para su autor, pues, durante la pandemia, escribió uno de sus capítulos más estimulantes y originales, sobre la doxa en la obra de Platón, mientras descubría las virtudes de la librería digital Perseus, especialmente su versión en línea, que le permitió hacer búsquedas en toda la obra de Platón y leer la traducción de Pico della Mirandola de los Diálogos, en una edición escaneada del siglo XVI.
Por lo demás, el Prof. San Martín lamentó que no hubiera una abundante bibliografía sobre la creencia en Husserl, que incluso sus más capaces intérpretes, como Ludwig Landgrebe, se hurtasen al cometido de discernir el lugar que ocupa en la obra y el pensamiento de Husserl. Sólo Fink, aseguró, supo comprender el auténtico sentido de la doxa en Husserl, tal como evidenció en su comentario de Heráclito: la doxa en cuanto que percepción de la vida.
Así, a lo largo de cada capítulo, el Prof. San Martín va desbrozando el sentido de una voz tan incomprendida como explotada (no sin cierta negligencia o ligereza), y nos pone sobre aviso de que Husserl introduce la doxa para desambiguar el problema que la lengua alemana adolece alrededor de la palabra “Glaube”, que vale tanto para creencia como para fe, y que instigó a Husserl a emprender una segunda vía que le abriría un campo inabarcable de estudio sobre las creencias básicas. Un campo, por cierto, ya hollado por los empiristas, con James al frente, como bien recordó el Prof. San Martín cuando mencionó que la noción de “belief” tiene una importancia capital en la formación de Husserl a este respecto.
Durante la redacción del manuscrito, señaló el Prof. San Martín, realiza dos grandes descubrimientos: primero, se da cuenta de que Husserl ya tenía esta intuición fundamental a principios de la década de 1890, aunque apenas si aparezca en las Investigaciones lógicas, lo que demuestra que se había desviado del camino que, luego, retomaría en la sección tercera de Ideas I, en la que se ocupa de la doxa. Segundo, como Husserl no podía utilizar “Glaube” para la “doxa”, comprueba que en el tomo XXIII de las obras completas abandona “Glaube” (salvo a propósito de algunos compuestos, como “Glaubensboden”) para empuñar ya la noción de “acto dóxico”, esto es, “acto de creencia”.
Conclusiones
Asistir a una charla del Prof. San Martín siempre es garantía de nuevos conocimientos, por más que uno ya le haya oído hablar del mismo tema en otro momento. Pues el acervo del que extrae los materiales, de una extensión prácticamente inabarcable (todavía quedan innumerables textos de Husserl por sacar a la luz), parece no tener fin y el objeto presentado adquiere en cada ocasión una luz completamente distinta, según la perspectiva desde la que nos lo muestra. Uno, pues, no puede sentirse sino inmensamente agradecido de la aplicación con que va poniendo orden entre tanto caos y nos facilita la comprensión de asuntos tan alambicados. Esta vez, a mi juicio, ofreció grandes razones al auditorio para pensar que la problemática de la creencia desborda sobradamente tanto el marco de comprensión cientificista como el marco de comprensión heideggeriano, limitado en el alcance de su crítica a Husserl por la escasez de textos disponibles relativos a la cuestión (y no cabe duda de que también a un cierto desdén personal, aunque esto es harina de otro costal). Si se desea seguir ahondando, lo mejor será, sin embargo, acudir a la síntesis de sus esfuerzos: Creencia y realidad. Desde un diálogo con Ortega y sus intérpretes, cuyo capítulo V, de una lucidez y una erudición maravillosamente conciliadas, el Prof. San Martín pone en fructífero diálogo los dos paradigmas esenciales bajo los que se han interpretado las nociones de creencia, realidad y otras categorías relacionadas.
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