Humanidad y desigualdad: binomio para el éxito.

La desigualdad es inherente al éxito de la especie humana. Aunque resulte irritante, no hay otra posibilidad de explicar por qué ha sido nuestra especie la que ha sobrevivido con mayor éxito entre todas las que han aparecido sobre el planeta y, en gran medida, ese progreso se basó en una excepcional creación espontánea de aspectos diferenciales entre unos individuos y otros, lo que permitía que los factores más eficientes resultaran beneficiados en el proceso adaptativo de selección.

Como decimos, esta aportación de la desigualdad impactó positivamente en nuestra “historia biológica”, donde podemos encontrar que las especies que se han quedado atrás respecto a la nuestra han sido las más igualitarias e uniformes (apartadas del avance frente a sus competidores por su incapacidad de aportar características diferenciadoras), pero también se ha querido ver reflejado este triunfo de la Evolución bajo la forma de un “darwinismo social” nacido del auge del liberalismo económico a partir de la Ilustración y de las primeras revoluciones industriales.

Este auge del liberalismo dio lugar a formas cada vez más desiguales de distribución de la riqueza a las que en el siglo XIX -y sobre todo en el XX- se contrapusieron propuestas desde el ámbito del igualitarismo en una dialéctica que acabó traduciéndose en un continuo conflicto aparentemente inacabable entre los dos modelos político-económicos principales actuales, el capitalismo liberal y el socialismo igualitario, un conflicto que se desarrolla ya hoy y que ahondará en el futuro cercano ante nuestros propios ojos en el nuevo campo de batalla resultante de la Cuarta Revolución Industrial, un entorno complejo al que dedicamos nuestra entrega de hoy, y que se verá complementado en su alcance en entregas posteriores.

From: pixabay.com

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Cuarta Revolución Industrial: construcción de un nuevo mundo.

Por Cuarta Revolución Industrial, o Industria 4.0,  entendemos un modelo de desarrollo industrial que potencia los procesos de automatización existentes, llevándolos a un escalón superior en el cual la participación humana no resultará necesaria para poner en marcha los procesos de producción. Pero… ¿cómo puede hacerse algo así?.

En resumen, se espera que esa revolución sea resultante de la confluencia de varios fenómenos: el Internet de las cosas -que facilitará conocer con total precisión las decisiones y los comportamientos de cualquier persona por medio de los elementos que les rodean-, el Big Data -que explotará inteligentemente esa acumulación masiva y continua de información generada a través de diferentes medios digitales-, y el desarrollo significativo de mejores motores de inteligencia artificial – que permitirán replicar el pensamiento humano y permitir a “seres” inanimados tomar las mismas decisiones que una persona-.

Dentro del marco de esta revolución, que como hemos visto gira principalmente alrededor de la automatización, la inteligencia de parte de nuestra sociedad estará –como de hecho está ya hoy día- febrilmente ocupada en eliminar, de forma incesante y por millares, puestos de trabajo existentes en la misma sociedad a la que pertenece.

La ocupación laboral de una parte de la población consiste en crear nuevos sistemas de comunicación, de simplificación operativa o directamente automatización robotizada, cuyo éxito se mide por el número de puestos de trabajo humano que podrán eliminar por resultar prescindibles.

Resulta hasta cierto punto significativo que hoy día, en cada esquina, centenares de personas en paro (o a punto de perder su empleo) se crucen con personas empleadas cuya jornada laboral se dedica a poner en marcha fórmulas innovadoras para prescindir de los puestos de trabajo de aquellos y, a pesar de la evidencia de este proceso, unos y otros se ignoran y siguen sobreviviendo bajo las rudas leyes del progreso.

From: commons.wikimedia.org

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El trabajo en el mundo 4.0.

Pero, ¿tan importante es el trabajo?… ¿no soñábamos todos en el pasado con una utópica época dorada en la que las máquinas realizarían todas las labores, dejando al ser humano flotar dichoso en la abundancia de una nueva era cuya única actividad fuese el ocio y la creación, sin estar sometidos a los rigores derivados de la presión laboral?.

Quizá en un futuro muy lejano esta utopía tenga lugar, pero la realidad tangible en la sociedad actual y del futuro cercano es que el trabajo (o su ausencia) es la preocupación que durante más tiempo nos acompaña. Es causa de ansiedades y de todo tipo de desórdenes psicológicos y, como veremos en ésta y posteriores entregas, también tiene (o debería tener) un claro impacto en los Sistemas Políticos.

Todas las nuevas tecnologías, como las que han acompañado a la tercera y a la más que cercana cuarta revolución industrial, han demostrado que no están al servicio del trabajador sino fundamentalmente del empleador, sea el Estado o las empresas, grandes y pequeñas. Las enormes posibilidades de esa tecnología como motor del progreso responden principalmente a los imperativos que marcan la reducción de los costes y el aumento de la rentabilidad para que el sistema siga funcionando y progresando.

FANUC_R2000iB at work From: pt.wikipedia.org

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Paradójicamente, esa sumisión derivada de la desigualdad y de la incertidumbre laboral ha experimentado una serie de sutiles transformaciones que los sistemas políticos y económicos han ido creando para elevar la productividad aprovechando la creatividad y cooperación del propio trabajador.

Se han puesto en marcha desde los ámbitos públicos y privados en las últimas décadas iniciativas que buscaban suavizar, cuando no eliminar, las relaciones laborales excesivamente jerarquizadas, poniendo en valor el sentido individual del individuo, su autonomía, junto a una adhesión voluntaria de los asalariados que se ven así persuadidos de que, a pesar del aumento de la precariedad en sus condiciones, el trabajo que ejercen se constituye en un factor enriquecedor de su personalidad, una fuente de “autorealización”, como hubiera dicho Maslow.

El aumento actual y futuro de la incertidumbre laboral como consecuencia de esa automatización masiva resultante de la nueva revolución industrial tiene a su vez un doble efecto negativo: Junto a la angustiosa amenaza del fin del empleo convive el hecho de que quienes tienen un trabajo precario son los que sufren las peores condiciones en los centros de trabajo, lo cual desemboca tarde o temprano en tensiones sociales y políticas.

From: pixabay.com

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(Con) vivir en la incertidumbre.

Ciegos ante esta realidad imparable, un elevado conjunto de los miembros de la sociedad (arengados por aquellos que pretenden tergiversar el equilibrio entre los conceptos de libertad-progreso e igualdad-bienestar) creen que están siendo objeto de una gran estafa por parte de los políticos, de las empresas y, en general, por parte de todo el sistema económico.

Muy pocos están preparados para comprender que nadie puede hacer realidad “el derecho a un trabajo”. A lo que más se puede llegar es a tener más oportunidades de conseguir el trabajo que se desea preparando adecuadamente el acceso.

Está resultando difícil que las sociedades comprendan que las vidas de los individuos dependen en un grado exageradamente alto de las circunstancias económicas externas. Y estas resultan y resultarán, con la masiva extensión de la automatización fruto de la cuarta revolución industrial, cada vez más incontrolables, salvo que se apliquen medidas correctoras o, cuando menos, mitigadoras del conflicto.

Actualmente la demanda social se formula en un solo objetivo: “crear empleo”. Los bancos deben dar créditos para “crear empleo”, las empresas deben “crear empleo”, los estados y las instituciones tienen el deber social de “crear empleo”… Pero, aunque sea una mentira piadosa, en la que también caen los expertos, es preferible no hacerla a una sociedad que espera ansiosa la reducción del creciente paro laboral mientras cierra inocentemente los ojos ante el advenimiento de un futuro automatizado en el que gran parte de la fuerza laboral resulta innecesaria.

Son (somos) conscientes que la economía funciona mejor cuando se depura, se racionaliza, se generan proyectos mejores a los de la competencia, pero no se asume que eso a veces requiere reducir empleo. Nos guste o no, el progreso socioeconómico va unido al descenso de los costes de las cosas y a ese aumento selectivo del desempleo.

From: FreeImages.com/Odan Jaeger

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Cuando algo consigue reducir el coste de un proceso de cualquier tipo ese algo se convierte en la referencia hasta que llega otra innovación que introduzca una nueva caída de los costes, y en medio de esa dialéctica evolutiva se encuentra el trabajo humano, ya sea manual o semiautomatizado como resultado del uso de elementos digitales.

En resumen, cuando la tecnología abarata un coste, consigue extenderse por encima de cualquier previsión y con ello varios puestos de trabajo sustituidos se quedan en el camino. Y los modelos futuros de producción, con una mayor interconexión (el famoso “Internet de las Cosas”) y una mayor automatización regida por sistemas basados en Inteligencia Artificial, va a suponer ahondar en este marco.

Humanidad inmersa en la incertidumbre

El ser humano siempre ha vivido entre inseguridades e incertidumbre, pero nunca había percibido la enorme diferencia entre algo conocido y seguro, que se suponía debido a todos (los beneficios de un “estado de bienestar”, derivado en buena medida de políticas intervencionistas e igualitarias resultantes de los conflictos a lo largo del siglo XX a los que hacíamos referencia antes) y lo que realmente se puede obtener en una fase depresiva de la economía, máxime cuando ésta es resultante de una automatización masiva.

En un mundo que exige flexibilidad, gran parte de la sociedad y también de los Sistemas Políticos mantienen estructuras rígidas. Eso crea y mantiene grandes desigualdades entre las minorías adaptables y las mayorías incapaces de adaptarse.

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Como afirmaban Jordi Serrano y Santiago García en El Ocaso del Empleo, los trabajos manuales o administrativos de carácter rutinario con un contenido que pueda estructurarse a través de reglas que un sistema sea capaz de entender y ejecutar serán muy pronto sustituidos por sistemas automáticos basados no ya en entornos programáticos, sino en la lógica establecida por una Inteligencia Artificial capaz de aprender de forma independiente.

El trabajo con grandes equipos de personas que nació de las segunda revolución industrial como resultado de la división de funciones (la “división del trabajo” si empleamos la terminología postulada por Adam Smith) pronto empezará a decaer. Simplemente no será necesario para los nuevos procesos de producción; resultará lento y poco flexible, haciéndolo poco deseable para las corporaciones incluso aunque esta producción se deslocalice a ubicaciones de menor coste.

La aceleración de esa desigualdad en las últimas décadas, que va a ampliarse en las próximas, no es tanto el fruto de una transmisión de capitales y optimización de modelos económicos como los ocurridos en el siglo XX, como la consecuencia de un frenético cambio disruptivo a nivel tecnológico, que ha conducido principalmente a la obsolescencia de forma rápida a viejos modelos de negocio, y a la creación de esa red de comunicación sin barreras.

Esta red permite  la existencia de un mercado global de bienes, servicios o trabajos incesantes junto a un marco de innovación permanente, lo que ha dado como resultado el salto cultural más gigantesco que la humanidad ha vivido en su historia, una revolución que ha provocado la competición por parte de todos los seres más creativos y audaces que producía la humanidad.

From: FreeImagenes.com/ilker

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Nadie va a ser culpable de ello, está claro, pero el futuro va a ser controlado por más y más máquinas de las imaginadas hoy día, ya que será la única manera de que tengamos servicios de alta calidad y personalizados a un coste cercano a cero. Por eso los trabajos del futuro serán aquellos que sirvan para “alimentar a las máquinas” con nuevos servicios, creándoles nuevos proyectos, y esto supondrá que el mercado del trabajo en la cuarta revolución industrial se polarizará en dos grupos significativos:

Uno de ellos será relativamente grande, formado por trabajadores con salarios bajos, y otro grupo será relativamente pequeño pero muy bien remunerado.

Pero eso no garantiza tampoco un futuro halagüeño a los que pretenden formar parte del segundo grupo: con la cada vez mayor penetración de los sistemas expertos y la inteligencia artificial (Machine Learning, Deep Learning) los conocimientos clave para mantener y evolucionar el entorno de automatización serán muy exigentes y la mayoría de los trabajadores especializados competirá por esos escasos trabajos con lo que ese grupo, formado a priori por los talentos más creativos y más diferenciados, será aún mayor de lo necesario, suponiendo como consecuencia su caída hacia el primer grupo en una evolución divergente cuya principal consecuencia será seguramente la paulatina desaparición de la clase media.

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¿Cómo pueden los sistemas políticos adaptarse a esta circunstancia?

¿Implica el aumento de la desigualdad -derivada de ese futuro más automatizado- una invitación a plantear políticas intervencionistas igualitarias basadas en modelos keynesianos?

Estas preguntas delimitan los retos más importantes a los que deben hacer frente los sistemas políticos y sociales. Gran parte de sus posibilidades de permanencia residen en que hagan una lectura adecuada de la situación y logren adaptarse a ella, para poder así romper con sus actuales modelos inmovilistas y evolucionar con las circunstancias.

Una reflexión que, por su extensión e implicaciones, abordaremos ya en nuestro siguiente post…