Rudimentos del pensamiento político moderno

En las diferentes entradas de esta serie, centrada en comprender el fenómeno de la cancelación social, se ha podido apreciar la forma en que el desarrollo de los procesos históricos fue dotando a las sociedades de nuevos agentes, dinámicas de interacción, formas institucionales, problemáticas, etc., adquiriendo y consolidando nuevas capas de complejidad en su proceso evolutivo.

En el marco de esta investigación hemos comprendido el origen histórico y teórico del pensamiento político moderno, entendido como un elemento derivado del ambicioso proceso transformador promovido por la Ilustración, bajo la idea de aplicar la razón a las diferentes dimensiones de la vida humana, dentro de la que también se incluyen los ámbitos de la política y la sociedad.

Recorrido que nos ha llevado a conocer con mayor detalle el proyecto político de la Ilustración, que algunos de sus más fervientes representantes vinculaban con la idea de progreso y la construcción de un nuevo orden político basado en la argumentación racional y la lógica del diálogo sosegado. Fundamentando una forma de hacer las cosas que debería dar lugar a un orden cosmopolita, magistralmente representado en la idea kantiana de la Paz Perpetua.

Pero también pudimos apreciar cómo este optimismo utópico de la Ilustración se vio confrontado por sus contradicciones internas. Que mostraban una realidad marcada por el enfrentamiento, la guerra y la violencia; no por la racionalidad… ¿O tal  vez sí?, ¿quizás la razón no era lo que habían planteado estos pensadores?

Las costuras de la Ilustración

Efectivamente, no muy alejadas en el tiempo, corrientes de pensamiento críticas con la Ilustración cuestionaron su verdadero carácter de orientación hacia el progreso; invitaban a reflexionar sobre el verdadero significado de sus conceptos, obligando a preguntarse si el progreso era aquello que la Ilustración había dicho o, si estaba bien planteada la naturaleza de la razón, etc.

Crítica que se consolida en la obra de la corriente intelectual que ha pasado a la historia con el nombre de Idealismo Alemán, pero que alcanzó su culmen en el sistema filosófico hegeliano, una de las cumbres de la filosofía occidental.

Hegel construyó un monumental sistema filosófico en el que revisó de forma crítica todos los conceptos e ideas heredadas de los siglos de tradición filosófica previos y los organizó en una ambiciosa arquitectura teórica que describía con gran exactitud conceptual, aunque también con un elevado grado de abstracción, la realidad de su tiempo. La cual estaba marcada por el conflicto, el desorden y la guerra.

Frente al optimismo ilustrado, que buscaba aplicar el enfoque y los métodos que exitosamente había aplicado al campo de las ciencias naturales, Hegel planteó una verdadera incomodidad: la razón era algo mucho más complejo y enrevesado de lo que se creía.

La evidencia histórica, fundamento de la reflexión hegeliana, permitía mostrar que la razón se manifestaba en un proceso de cambio marcado por el conflicto y en el que la guerra llegaba a ocupar un papel destacado. No en vano Hegel fue testigo directo de las guerras napoleónicas, periodo que interpretaba como una evolución natural (racional) de los ideales de la Ilustración y la revolución francesa.

Origen y evolución de la Teoría Social Moderna

Gracias a la filosofía hegeliana pudimos tener un primer acercamiento a la naturaleza de las sociedades modernas y comprender que la complejidad inherente a ella era mucho mayor de lo previsto anteriormente. Lo que convierte a Hegel, desde nuestro punto de vista, en el pionero en el desarrollo de la teoría social moderna y un pensador de obligatoria referencia para cualquier enfoque que pretende estudiar el funcionamiento de la sociedad.

Esta dimensión social de la filosofía hegeliana constituye el núcleo fundamental de su herencia teórica. Que fue recogida posteriormente por un grupo de intelectuales, denominados jóvenes hegelianos, que dedicaron importantes esfuerzos teóricos para desarrollar y perfeccionar la propuesta filosófica de Hegel. Su trabajo permitió mejorar el conocimiento de múltiples conceptos hegelianos y profundizar en la aplicación de los mismos al estudio de la sociedad.

Paulatinamente, el pensamiento de los herederos de Hegel fue consolidando una serie de conceptos, ideas y metodologías alrededor de los cuales se desarrolló la teoría social actual. Disciplinas como las ciencias políticas o la sociología tienen su origen en la reflexión de esta constelación de pensadores.

Las figuras centrales de esta línea de pensamiento fueron Karl Marx y Friedrich Engels, quienes reinterpretaron la dialéctica hegeliana a partir del concepto de la lucha de clases, combinada con una interpretación materialista de la evolución de las sociedades a lo largo de la historia.

El marxismo es un planteamiento en el que confluyen varias dimensiones: un profundo análisis crítico de la realidad social, una propuesta de transformación social orientada hacia el futuro y un proyecto político capaz de promover la movilización de diferentes actores sociales.

En el marxismo, la reflexión teórica confluye con el llamado a la acción política, lo que explica su importancia como inspirador y contrapunto de los movimientos sociales que definieron la dinámica política de finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX.

Superando el materialismo

El crack del 1929 generó una serie de debates internos entre los pensadores adscritos al pensamiento social marxista. Poniendo en cuestión sus fundamentos materialistas y obligando a incorporar nuevos elementos de evaluación en su labor de crítica social.

Escenario en que pensadores del ámbito marxista, inscritos dentro de una línea heterodoxa, empezaron a reflexionar sobre los aportes de la teoría psicoanalítica recientemente formulada por el médico austriaco Sigmund Freud. La cual se dedicaba precisamente a reflexionar sobre la manera en que los aspectos inconscientes (no racionales) de la mente humana condicionaban nuestro comportamiento.

Como un corolario al grueso de su doctrina, Freud planteaba la posibilidad de llevar a cabo una suerte de psicoanálisis de la sociedad, ideas plasmadas en un breve y profundo ensayo titulado El malestar en la cultura.

Esta simbiosis entre la teoría social marxista y el psicoanálisis de las sociedades modernas se logra finalmente en la obra del filósofo alemán Herbert Marcuse, uno de los miembros más destacados de la Escuela de Frankfurt.

Sociedad complejas

En la década de 1960, la reflexión del joven sociólogo alemán Niklas Luhmann demostró la emergencia de un nuevo modelo de sociedad, las sociedades complejas. Que se caracterizaba por un mayor nivel de dinamismo y un alto grado de incertidumbre.

Sociedad que, en la opinión de Luhmann, se construye a partir de la comunicación, entendida como la comunicación que se define a partir de la confluencia de tres improbabilidades:

  • Transmitir el mensaje
  • Escoger el canal adecuado
  • Que sea entendido correctamente

Reflexión que, en el terreno político, explica los motivos por los cuales el sujeto político democrático tradicional, representado por el concepto marxista de clase social, tuvo que ser reemplazado por un nuevo sujeto político, basado en conceptos identitarios. Debido a la necesidad de preservar su competitividad electoral.

Es aquí cuando surge la idea de cancelación como un recurso utilizado en el debate político moderno, con el que los partidos políticos intentan mantener su vigencia electoral y conservar las cuotas de poder de las que disponen.

Un elemento especialmente lesivo para el desarrollo de las sociedades complejas, que se basan en la comunicación, porque puede generar en ellas un cierto tipo de involución, generado por la pérdida de complejidad.

La mejor forma de posicionarnos ante este proceso es incorporar continuamente nuevos elementos a la dinámica comunicativa y seguir sumando nuevas capas de complejidad a la dinámica social.

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