Obertura
Entre los días 30 de septiembre y 2 de octubre, el Campus Barcelona de la Universitat Internacional de Catalunya, circundado de preciosas villas modernistas y novecentistas, y elevado sobre el pronunciado desnivel de la ladera de Collserola, que ofrece una vista privilegiada a la cuenca urbana, con la línea azul del Mediterráneo como punto de fuga para el esteta, albergó el XVI Congreso Internacional de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica, intitulado “Homo pictor. Arte, imaginación, creación” y concebido como “un espacio de reflexión en torno a una idea tan antigua como vigente: el ser humano como homo pictor, aquel que imagina, representa y crea”.
Contó, además, con la ayuda de la Fundación Sicómoro, la Societat Catalana de Filosofia, la Cátedra José Ortega y Gasset y la Facultad de Filosofía de la UNED.

30 de septiembre
Tras los primeros intercambios protocolarios en el salón de grados: el saludo de los primeros asistentes y la inauguración del congreso por parte de Román Pérez, vicerrector de Investigación, Innovación y Transferencia de Conocimiento de la UIC, Juan Velázquez, presidente de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica, y Andrea Rodríguez-Prat, directora del Instituto Cultura y Pensamiento, César Moreno Márquez, profesor de la Universidad de Sevilla, dio comienzo a la festividad del pensamiento con la conferencia “Condición humana e imagen acontecial”, en la que trató sistemáticamente, con el mayor rigor terminológico, la cuestión del inflacionismo de la imagen en la época contemporánea y la pregunta que inevitablemente se deriva de su problematización: ¿es posible todavía la imagen acontecial? Habida cuenta de la primacía de la ostentación, de la búsqueda infatigable de experiencias y del “capitalismo de la experiencia”, ¿en qué sentido pueden recuperarse las nociones de “la imagen antes de su objetivación” o de la “protoimagen”? El Prof. Moreno trató largo y tendido sobre la temática referida, y nos parece que con suficiencia, pues nos brindó distintas razones, bien ejemplificadas, sobre la viabilidad, en estos tiempos visualmente impositivos, de la imagen en cuanto que “conmoción” y “acontecimiento”.


A las 11:30, la organización, en un patio a escasos metros, dispuso un excelente servicio de banquetería, con zumos, café y una abundante variedad de pastas, que sirvió de pretexto tanto para el reencuentro de viejos amigos como para el estrechamiento de nuevos lazos.
A las 12:00, asistimos a la mesa siguiente:
Mesa 1.1. Raíces antropológicas de la actividad artística y creativa (Saló de Graus)
– Antropología de la razón ingeniosa en Baltasar Gracián. Juan Velázquez González (Universidad de Zaragoza)
– Lógica de la (dis)continuidad. Creación artística y naturaleza humana en la obra escrita de Ramón Gaya. Antonio Castilla Cerezo (Universitat de Barcelona)
– Antropología y técnica a partir de Ortega y Gasset. David Riu Vila (Universitat Ramon Llull)
– Homo Pictor frente a Homo Faber: la prioridad ontológica del hacer respecto a la imaginación. Irene Somozas Aranda (Universidad de Granada)
Allí, Juan Velázquez disertó sobre la figura del inmortal Gracián en calidad de creador de conceptos filosóficos y sobre las razones a favor que podía haber de una “antropología gracianesca”, en torno a la que orbitaría el “hombre como ser jánico” y “servidor de ingenio y la paradoja”. Antonio Castilla nos presentó su interpretación del pensamiento del pintor y escritor Ramón Gaya, y defendió la equivalencia, inseparable según este autor, entre vida y creación. En su comunicación, David Riu estableció una interesante tipologización de los diferentes pensadores sobre la técnica de los últimos cien años, en función del objeto de su reflexión: definición e historia, artefactos, lo social-político, la ética y la moral, la epistemología, la gnoseología y la antropología. Todas las vías de investigación, sin embargo, estarían unidas por la idea de que el hombre “crea la supernaturaleza mediante el ensimismamiento”. Por último, Irene Somozas, doctoranda en la Universidad de Granada, abogó, de un modo analítico y claro (elogiado, por cierto, en el turno de preguntas), por la preeminencia del hacer sobre el pensar: la imaginación se deriva del hacer, y nada se puede pensar de un objeto que antes no nos haya afectado vitalmente.

A las 15:30, pasamos a otra mesa:
Mesa 2.1. Raíces antropológicas de la actividad artística y creativa (Saló de Graus)
N. Whitehead: Imagen y lógica como formas simbólicas. Stascha Rohmer (Universidad Pontificia de Comillas)
Arrancar y acariciar. Ensayo de un diálogo sobre la naturaleza del arte entre Martin Buber y Martin Heidegger. Luis María Sancho Pérez (Universitat Internacional de Catalunya)
Hannah Arendt y un método para comprender al ser creado que crea creando. Javier Pons Gallach (UNED)
En la mesa 2.1, Stascha Rohmer, de la Universidad Pontificia de Comillas, nos presentó una breve semblanza del filósofo inglés Alfred North Whitehead (su obra más importante Proceso y realidad, está traducida en la editorial Atalanta) y la entreveró con algunos aspectos importantes de su filosofía, relacionados con sus ideas sobre el medio ambiente y la educación estética, dirigidas a la valoración de la naturaleza desde el punto de vista ecológico. Por su parte, Luis María Sancho orientó su comunicación a desvelar inopinadas semejanzas entre los dos Martin más importantes de la historia de la filosofía: Martin Buber y Martin Heidegger, lo que dio pie a un debate ulterior entre los miembros del público que concordaban con la lectura de Sancho y los miembros que las negaban tajantemente. La entusiasta ponencia de Javier Pons tematizó una característica del pensamiento de Hannah Arendt al que se suele dar escasa importancia: cómo, desde la fenomenología husserliana, lograr un nuevo modo de pensar, cómo cambiar la forma en que se pregunta, y pasar de un pensamiento objetivista metafísico a un “pensamiento de la natalidad”, inmiscuida en una “razón narrativa”; lo que, en el fondo, implica inaugurar un método narrativo que no dependa tanto de los conceptos abstractos y, en cambio, haga de la biografía, el ejemplo y la persona el eje articulador de la reflexión filosófica.
Por último, a las 17:30, tuvo lugar la mesa plenaria, también en el salón de grados, con dos ponencias de altos vuelos. Por la variedad de asuntos y el brillo que dimanaba de sus correspondencias, conviene extenderse en ellas. Magda Polo, profesora de la Universidad de Barcelona, conferenció acerca de las potencialidades del sonido, casi en todas sus facetas imaginables, y de la escucha en cuanto que experiencia antropológica, vivenciada en el propio cuerpo. Según Polo, la experiencia sonora y la escucha constituyen una práctica encarnada que convierten al cuerpo en una caja de resonancia, por lo que podemos incardinarlo en una “ecología acústica” que obedece a distintos “regímenes de inteligibilidad”. De este modo, podemos comprender otras clases de conocimiento; por ejemplo, el de la “vibración interna”, producto de escuchar una canción con cada hueso del cuerpo. Las investigaciones al respecto, pues, implican un “giro sensorial” que pone en evidencia que cada cultura “prescribe su sensorium“ y nos obligan a realizar una continua transformación en nuestra noción clásica de la gnoseología, en nuestra forma de relación con el mundo. Por lo mismo, la oralidad, los patrones percusivos y todo aquello que apele al aparato nervioso desbordan lo estrictamente contenido por el propio cuerpo y constituye una apertura a la otredad y la dimensión intersubjetiva, en que, además, se desbordan tanto los límites de la experiencia individual como los marcos dominantes. La Prof. Polo también aludió al fenómeno esquizofrénico consistente en la disociación del sonido de su fuente original, lo que, a su vez, representa una posibilidad de interrumpir ciertos automatismos y, como consecuencia, la generación de una hospitalidad entre la comunidad de cuerpos escuchantes. En la ponencia de Ignasi Roviró, de la Universidad Ramon Llull, asistimos a una importante lección sobre la hermenéutica del gesto y su resonancia simbólica. La tesis de Roviró: que el gesto es a la pintura como la cita al trabajo académico, nos resultó tan provocadora como pertinente. Provocadora porque uno tiene la sensación de que la transmisión e intercambio de códigos, símbolos y señales en el mundo del arte es, a diferencia de lo que ocurre en el ámbito académico, equívoca, ambigua y fuente de eterna disputa. Pero también pertinente porque Roviró supo argumentar con suficiencia su postura, y el ejemplo que adujo para ello, la Venus dormida de Gorgione, que, al decir de Fritz Saxl, consiste en una reinterpretación de la Venus de un grabado perteneciente al extraño libro Sueño de Polífilo, de Colonna, lo ilustró convincentemente. También el ejemplo de Miguel Ángel, quien, en el fresco de La creación de Adán, habría inmortalizado a Dios y a Adán a unos centímetros de tocarse porque la escolástica dictaba que dos sustancias distintas eran, por naturaleza, intocables.
1 de octubre
Roland Breeur, de la Universidad Católica de Lovaina, principió la segunda jornada del congreso con “Una imagen y nada más”, en la que teorizó sobre la mancha de bermellón que, en La encajera (1669), representa un jirón de tela roja y que, en su opinión, constituye un ejercicio de abstracción al cuadrado. A continuación, en “Persistencia de la antropología sacrificial: el paradigma del arte contemporáneo”, Esteban Ortega, profesor en la Universidad de Valladolid, el público asistió a una demostración que no puede tildarse sino de “valentía intelectual”. Alrededor de la tesis de que la antropología sacrificial permea, sin excepción, toda la cultura humana desde los orígenes hasta nuestros días, se preguntó: “¿a quién se ofrece el cuerpo cuando los dioses han desaparecido?”. Al hilo del trabajo de la artista Marina Abramović, así como respaldándose en otros pertinentes ejemplos, trató con profundidad sobre los fundamentos de lo que denominó “antropología de las carencias y sus métodos compensatorios”. Dado que los sujetos contemporáneos no admiten su carencia ontológica, se entregan en brazos de la técnica para suplirla esperando mitigar el mayor número posible de molestias. Sin embargo, con ello no se produce una cancelación del aspecto sacrificial, sino simplemente un desplazamiento: de la forma histórica del sacrificio a una estructura sacrificial internalizada, en la que son los propios individuos los que se sacrifican a sí mismos para sellar un pacto con una sociedad sacralizada (que promete sus dones sólo a quienes están dispuestos a intercambiar con ella lo que requiera en cada momento histórico). Detrás, pues, de la represión sacrificial, evidenciada en la forma grotesca y cruenta que adopta a menudo el arte contemporáneo (véase, por ejemplo, la obra de David Nebreda), se escondería la sombra de la autoexpiación y la autoexplotación, tal y como defiende, si bien con otras palabras quizá más amables, el filósofo Byung-Chul Han. De ahí que, concluyó el Prof. Esteban, pueda seguir hablándose de una “producción persistente de víctimas”, formalizada de la manera más ostensible en la “represión anémica de lo corporal y la exaltación de lo excrementicio”, y que debamos preguntarnos si, más allá de lo aparente, existe alguna diferencia fundamental entre “la obra de Marina Abramović y la autoflagelación de Los Picaos de San Vicente de la Sonsierra”.

Más tarde, después de que muchos pudiéramos revigorizar los ánimos con un par de tazas de café y unos pastelitos, concurrimos en la mesa:
Mesa 3.2. Imagen, imaginación e imaginaro: la necesidad antropológica de la ficción (Aula Jardí)
La imaginación en la técnica y el amor desde el pensamiento de Ortega y Gasset. Simona Lorenzano (Università di Catania, Italia)
La metáfora como acto figurativo de comprensión: una propuesta desde la antropología filosófica de José Ortega y Gasset. Josu Rodríguez Llorente (UNED)
El lugar de la ilusión en la vida humana según Ortega y Marías. Noé Expósito Ropero (UNED)
Del homo pictor al homo fictor: Miguel de Unamuno y la ficción como forma de estar en el mundo. Álvaro Ledesma de la Fuente (Universidad de La Rioja)
Simona Lorenzano, de la Università di Catania, tejió una urdimbre de relaciones entre la técnica y el amor a propósito de la imaginación en Ortega y Gasset: el hombre como animal fantástico, el programa vital como pretécnica, el cuidado de los demás que se deriva de esos elementos y, finalmente, la idea-síntesis de que un ser humano sin técnica, es decir, sin imaginación (como colaboradora entre sensibilidad y entendimiento) sería simple y llanamente inconcebible. Noé Expósito, en “El lugar de la ilusión en la vida humana según Ortega y Marías”, recuperó el olvidado pero bello texto de Marías Breve tratado de la ilusión para desmenuzar la cuestión central de la ética orteguiana acerca de la preeminencia del hacer por sobre el deber (que sería Ersatz, sucedáneo). En el tratado, prosiguió Expósito, Marías expone, a la luz del concepto de ilusión, una teoría completa de la instalación en el mundo, del horizonte temporal y el carácter futurizo de toda empresa humana. Con ello, Marías destacaría el “rasgo positivo” que tendría la voz “ilusión” en la lengua española, a diferencia de lo que ocurriría en las demás, en las que la ilusión connotaría siempre una porción de apariencia o de evanescencia. Josu Rodríguez, doctorando en la UNED, desglosó las distintas problemáticas inherentes a la teoría de la metáfora en Ortega, lo que le llevó a afirmar que, en lo que respecta a este autor, “no es posible una antropología filosófica sin abordar su teoría de la metáfora”. Tras pasar revista a las interpretaciones más estudiadas, terminó su exposición apuntando que resultaban insuficientes por dos motivos principales: porque no dan cuenta de la interrelación entre objeto y sujeto (condición necesaria impuesta por el mismo Ortega), y porque no tienen a la vista la índole equívoca y escasamente normativa del fenómeno. En la última comunicación, “Del homo pictor al homo fictor: Miguel de Unamuno y la ficción como forma de estar en el mundo”, Álvaro Ledesma, de la Universidad de La Rioja, abordó la ontología de ficción que se desprende de la novela unamuniana: el ser de ficción constituye allí su identidad en la medida, y sólo en la medida, en que lucha por ella.

Antes de marchar hacia el comedor de la facultad, el artista visual multimedia Alfonso Legaz nos mostró la proyección de su cortometraje The electric subject, en el que, sirviéndose de la agitación de una joven, víctima de un brote psicótico y de pensamientos recurrentes, encara la crisis de la representación que aqueja a nuestra sociedad posmetafísica.

Taula 4.4. Art, expressivitat i gestualitat: la transfiguració artística del cos (Aula Beta 205)
Fenomenología del cuerpo del músico instrumentista. Jacobo López Villalba (Conservatorio Profesional Padre Antonio Soler, San Lorenzo de El Escorial)
El cuerpo que comprende el gesto: gesto y temporalidad en la representación musical. Mario Blanco-Tascón (Universidad de Valladolid)
La reducción en pintura: fenomenología de la praxis pictórica y configuración antropológica del Homo Pictor. Rafael Bestard Mas (Universitat de les Illes Balears)
Del yo al mundo a través del fenómeno del cine: la experiencia encarnada en “Historias del Buen Valle”, de José Luis Guerín. Arnau Martín Camarasa (Universitat de Barcelona)
Por la tarde, en la mesa 4.4, Jacobo López, profesor en el Conservatorio Profesional Padre Antonio Soler, nos aproximó desde la fenomenología a las productivas fricciones encarnadas en el paradigma Leib-Körper, con especial atención a los gestos que intervienen en la interpretación del instrumento musical: la mano que, al tocar, se toca a sí misma, la cinestesia, la ubiestesia, la coordinación de grupos distintos de músculos, la inhibición de ciertos gestos involuntarios en favor de un desempeño más preciso. Mario Blanco, de la Universidad de Valladolid, profundizó en algunas cuestiones ya abiertas y realizó interesantes observaciones a propósito de la “sustancialidad” de la obra musical: ¿dónde empieza y acaba? ¿En la concepción de su partitura, en su escritura, en su primera interpretación? ¿Contribuyen las sucesivas interpretaciones “históricas” a mejorar la obra? ¿Existiría una obra que jamás hubiese sido objeto de un concierto? El excelente pintor catalán Rafael Bestard, en “La reducción en pintura: fenomenología de la praxis pictórica y configuración antropológica del Homo Pictor”, nos instruyó en las especificidades de la creación pictórica con las herramientas de la fenomenología: coordinación de razón e intuición, ajuste espacial, organización del color y del trazo, y la pertinencia de la reducción eidética en su campo artístico. Arnau Martín, de la Universitat de Barcelona, desde la perspectiva del cine, habló del autor como un agente más en la producción, así como de otras particularidades vinculadas a la esfera fílmica: la grabación con el cuerpo, la encarnación del sujeto en el mundo, la fundación de campos de sentido irreductibles a otras disciplinas, y la apelación a la realidad de manera metonímica.
Al término de la jornada, en la mesa plenaria, Maria Teresa Russo, de la Universidad de Roma Tres, presentó al público ideas muy sugerentes en torno a las diferentes concepciones de las que, por lo común, nos servimos para referirnos a “un lugar”. Trató, pues, del hecho paradójico de que “los lugares reales no salen en los mapas”, y distinguió conceptualmente entre el “espacio geométrico y el lugar antropológico”. Apoyándose en las tesis del antropólogo Marc Augé, defendió que “ningún lugar es técnicamente un no-lugar”, e indagó en las bases de la vida íntima que, inopinadamente, emergió en el seno de ciertos espacios aparentemente antivitales, como en el edificio constructivista Narkomfin. Seguidamente, Fernando Pérez-Borbujo, profesor de la Universidad Pompeu Fabra, disertó sobre el pensamiento del desaparecido Eugenio Trías, quien, en su “filosofía del límite”, se refería a la existencia de un “archipiélago de las artes”, en cuyo centro se produce la más siniestra de las luchas: la sombra contra la razón. En la Filosofía del futuro, Trías sitúa al ser humano como reino mediador y de tránsito en la disputa sobre los universales, y en La filosofía del límite dirá que “sólo la acción ética demuestra que el hombre pertenece al mundo”. Ética y estética, así pues, pertenecen a una misma casa; por su parte, arte, filosofía y ciencia deberán reordenarse sin jerarquías. A colación de La edad del espíritu, en la que Trías expone su particular fenomenología espiritual, concluyó Pérez-Borbujo subrayando sus intuiciones sobre el fondo matricial del que parte (al que vuelve) la filosofía universal.

2 de octubre
El día comenzó con la mesa:
Mesa 5.1. Arte, creatividad y salud: el arte del cuidado (Saló de Graus)
La condición vulnerable como antropología filosófica fundamental. Miquel Seguró Mendlewicz (Universitat Ramon Llull)
De la sensibilidad al cuidado: estética, imaginación clínica y conocimiento de la enfermedad en las humanidades médicas. Albert Moya Ruiz (Universitat Internacional de Catalunya)
El arte de quejarse: un esbozo de estética médica. Martín L. Vargas Aragón (Universidad de Valladolid)
La razón vital y la psicopatología en el Dr. Valenciano Gayá. Vicent Xavier Agut Martínez (UNED)
Miquel Seguró, de la Universitat Ramon Llull, acometió la difícil tarea de desentrañar las condiciones de posibilidad de lo que él denominó “antropología filosófica fundamental”, situando en el centro de sus consideraciones la noción de vulnerabilidad. En “De la sensibilidad al cuidado: estética, imaginación clínica y conocimiento de la enfermedad en las humanidades médicas”, Albert Moya, de la Universitat Internacional de Catalunya, defendió que la medicina necesita de la estética filosófica para descifrar la experiencia humana de la enfermedad y posibilitar un cuidado originariamente empático. En “El arte de quejarse: un esbozo de estética médica”, Martín L. Vargas, de la Universidad de Valladolid, ofreció al público las claves de un “método intrafilosófico” (dicho con él: “iatrofilosófico”) en la práctica médica, basado en el pensamiento del psiquiatra Héctor Pelegrina Cetran. El terapeuta, apuntó el Prof. L. Vargas, debe “compartir la ontología del sentir del paciente”, y “debe tender hacia un arte del quejarse”, aunque no puede olvidar que, en general, se dan dos casos-tipo de pacientes a los que hay que atender de formas diferentes: “los enfermos vocacionales y los enfermos que no asumen su vulnerabilidad”. A su vez, Vicent Xavier Agut, de la UNED, nos habló de la filosofía de la medicina del Dr. Valenciano Gayá, quien, a partir de la reflexión de Joaquín Xirau, elabora un sistema de pensamiento en que todos los valores se encuentran entrelazados. Como curiosidad, desarrolló esta y otras tesis con ayuda de las fórmulas contenidas en El hombre, un falsificador, obra fundamental de Manuel Granell, discípulo de Ortega.

Fue Irene Borges-Duarte, de la Universidad de Évora y Premio Francisco Volpi (2025), la encargada de prender el ribete de despedida al congreso. Bajo el auspicio del pensamiento heideggeriano, disertó en “Imagen técnica y arquitectura del espacio en el último Heidegger” acerca de los intrincados meandros que toma Heidegger en sus meditaciones sobre la técnica y el avance del “proyecto cibernético mundial”. Insistió en que, para Heidegger, lo relevante de la imagen en la contemporaneidad no reside en la consumación (y, podríamos decir, la consumición) de la misma, sino en “la arquitectónica de su aparecer”, es decir, el “momento del aparecer del sentido”. Fácticamente sedimentado, lo producido (Gebild) tendría más que ver con el aparecer (Schein) que con la imagen-copia (Abbild), por lo que la imaginación poética hundiría sus raíces “en lo extraño de lo familiar”. La imagen, por su parte, sería “lo que se produce siempre de nuevo”. En los Beiträge, Heidegger buscaría “la dignidad del Dasein en el imaginar”, como imaginar (y percibir), por ejemplo, que “en el límite del peligro está la posibilidad del paso atrás”, lo que implica sin duda una “comprensión afectiva” y un “dar espacio al juego”. Donde Heidegger, apostilló la Dr. Borges, contempló con mayor evidencia esta posibilidad del imaginar y esta potencialidad del ser-ahí fue en la arquitectura de Chillida, en el cine de Kurosawa y en la pintura de Klee.

La despedida y la clausura del congreso estuvieron a cargo de Esther Jiménez, vicerrectora de Comunidad Universitaria de la UIC, Laura Gandolfi, decana de la Facultad de Humanidades de la UIC, y Xavier Escribano, miembro del comité organizador del congreso, quienes dispensaron amables palabras tanto a los asistentes y ponentes como a los miembros de la organización y patrocinadores, entre los que se cuenta esta casa, la Fundación Sicómoro.

Una coda festiva
El autor de esta crónica no quisiera rematar la faena sin dejar constancia expresa de la generosidad, la amabilidad y la solicitud con que Xavier Escribano ha conducido un congreso que, no lo olvidemos, reunió a algunas de las figuras más destacadas de la filosofía nacional e internacional, cuya presencia exigía, naturalmente, una atención a la altura de las circunstancias. Sin embargo, todas estas virtudes no se limitaron al trato dispensado a dichos invitados, sino que asimismo se extendieron a quienes, como nosotros, asistimos en calidad de simples oyentes.
Creemos (y me consta que esta impresión es compartida por muchos de los que allí estuvimos) que todos nos sentimos objeto de una atención exquisita y de una delicadeza poco frecuente en acontecimientos sociales que exigen una dedicación casi absoluta por parte de sus promotores. Por lo demás, nos sumamos a los agradecimientos que el propio Prof. Escribano prodigó a los generosos estudiantes que, en la recepción y en los espacios de conferencias, cooperaron en la buena conducción de los múltiples desarrollos formales que constituyen el armazón de un foro de discusión fértil y cordial.


