Este libro, cuya primera edición apareció en 1994, afirmó que era posible construir una ciudad global en el ciberespacio mediante un ayuntamiento de redes telemáticas digitalizadas e interconectadas entre sí. La World Wide Web, que fue creada en 1989 en el CERN europeo y que pronto se expandió a los Estados Unidos de América, aportaba una primera urbanización de la ciudad global, distinguiendo sitios en Internet. Se hablaba entonces de “nuevas tecnologías de la información y la comunicación”, de autopistas de la información y de infraestructuras nacionales e internacionales de la información (INI e IMI), gracias a las cuales irían surgiendo sociedades de la información en los países y regiones con mayor desarrollo tecnológico, científico, financiero e industrial. También se usaban expresiones como sociedad del conocimiento y mundo virtual.
Tres décadas después, aquella propuesta sigue siendo válida, pese a que el espacio electrónico actual presenta una estructura feudal, que está conformada por los gigantes tecnológicos GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft), más Nvidia y Tesla, así como por las empresas chinas BATX (Baidu, Alibaba, Tencent y Xiaomi). Cada una de ellas ofrece servicio a muchos millones de usuarios en sus dominios informacionales, y dichos usuarios mantienen un consumo productivo de información, concepto clave para analizar la economía básica de Telépolis: un capitalismo informacional, comunicacional y de datos. Eso sí, quedan amplias zonas del planeta Tierra a las que todavía no ha llegado la ciudad global, pese a su continua expansión en las últimas décadas.


